El mundo de la ciberseguridad cambió para siempre a raíz de un apagón de 78 minutos ocurrido hace apenas un año. Incidentes como éste no sólo sacuden la confianza de las partes interesadas, sino que redefinen la composición estratégica y operativa de los protocolos de ciberseguridad. Las repercusiones de esta interrupción todavía se dejan sentir con fuerza, y su legado ha trascendido incluso a la empresa que sufrió directamente el impacto: nada menos que CrowdStrike.
CrowdStrike, una empresa sinónimo de servicios de ciberseguridad de vanguardia, se enfrentó a un acontecimiento inusual que provocó una importante interrupción del servicio. El tiempo de inactividad en la prestación de servicios de ciberseguridad no es sólo una grieta en la armadura, sino que se asemeja a una afección de los órganos vitales. Este suceso supuso una brecha en el escudo, permitiendo a los adversarios una ventana fugaz para lanzar ataques y comprometer redes vitales, un caos cibernético que las empresas no pueden permitirse.
Lo que ocurrió en CrowdStrike no se quedó dentro de sus muros, sino que dio lugar a una introspección en todo el sector que convirtió la crisis en una oportunidad. Se llegó a la conclusión de que el ecosistema necesitaba estar preparado para posibilidades que consideraban reservadas a los peores escenarios. Esta remodelación de la industria fue una reevaluación colectiva, no sólo para proteger, sino para predecir, prevenir y responder con mayor solidez.
Los lanzamientos escalonados cambian el juego
En respuesta a la crisis, las organizaciones han recurrido a la estrategia de "despliegues escalonados". Al igual que los ensayos, las implantaciones escalonadas se basan en la premisa de los despliegues por fases: una estrategia en la que los cambios no se aplican inmediatamente en toda la red, sino que se lanzan sistemáticamente por partes. Este planteamiento proporciona una medida de control y da tiempo a detectar y rectificar errores sin poner en peligro todo el sistema.
Las implantaciones escalonadas ofrecen una red de seguridad, un colchón contra los desastres. Aunque probar los cambios en un entorno controlado o a escala limitada no elimina los fallos, ayuda a minimizar el daño potencial y permite a los equipos ajustar y solucionar los problemas sin tener que enfrentarse a un colapso a gran escala.
Anulación manual: El seguro que necesitamos
Imagínese conducir un coche que no le permitiera tomar el control manual: se sentiría indefensamente atrapado y a merced de los caprichos del vehículo. El mismo principio se aplica en el espacio de la ciberseguridad, debido a la adopción de capacidades de "anulación manual".
En esencia, la anulación manual sirve como mecanismo de emergencia que permite la intervención humana para anular los sistemas automatizados cuando sea necesario. Constituye un mecanismo de seguridad cuando la automatización, al interpretar el escenario que la rodea, puede equivocarse y provocar resultados imprevistos.
Nunca se insistirá lo suficiente en lo vitales que son estas actualizaciones de los protocolos de ciberseguridad. Es como una vacuna contra una enfermedad: las lecciones aprendidas y las estrategias de prevención son precursoras de una cibercatáxis más sana y resistente. Los fallos como el sufrido por CrowdStrike pueden ocurrir y ocurrirán en nuestro panorama digital cada vez más complejo. La pregunta clave es: ¿hemos aprendido lo suficiente para evitar que la próxima gran interrupción cibernética provoque el caos?
Gracias a estas estrategias de adaptación, las organizaciones no quedan vulnerables. Los ecos de la interrupción de 78 minutos han aportado lecciones vitales y provocado cambios tangibles, promoviendo un enfoque más holístico de las contingencias. Es a través de la superación de estos retos como la industria se reconfigura y, poco a poco, se hace invariablemente más fuerte.
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