Abigail Spanberger, candidata demócrata a gobernadora de Virginia, subió con confianza al escenario del Centro de Convenciones de Richmond el 4 de noviembre. La imagen de su traje rojo encendido, con los dedos índices levantados, se convertirá sin duda en uno de los momentos imborrables de este ciclo electoral. Pero detrás de esa imagen icónica y de la nerviosa expectación de los simpatizantes reunidos en Richmond, hay un problema mucho mayor que el de una noche electoral. Es una cuestión que afecta a todos los votantes, a todos los hogares y a todas las empresas: el aumento del coste de las facturas de los servicios públicos.
Aunque el éxito electoral de los demócratas esta semana en Virginia, Nueva Jersey y Georgia puede considerarse en cierto modo un referéndum sobre multitud de cuestiones, una cosa está clara: el estado de la política y las infraestructuras energéticas en Estados Unidos preocupa cada vez más a los votantes. Mientras las redes eléctricas hacen malabarismos con la aumento desencadenado de la demanda de electricidad Como consecuencia de nuestra vida cada vez más digitalizada -pensemos en los centros de datos de inteligencia artificial, la floreciente adopción de vehículos eléctricos y el resurgimiento de la fabricación nacional- y el consiguiente aumento de las facturas de los servicios públicos, los votantes buscan soluciones.
Estos innumerables retos de infraestructuras y costes no van a desaparecer pronto. Al contrario, van a ser aún más acuciantes y complejos. Los demócratas, en la cresta de la ola de sus recientes victorias electorales, se enfrentan de repente a la difícil tarea de cumplir sus promesas electorales. En el centro de estas promesas está el compromiso de bajar los precios de la electricidad, un azote que ha estado azotando dolorosamente los presupuestos domésticos estadounidenses.
Evidentemente, los votantes han enviado un mensaje claro y alto a través de estas elecciones. La conmovedora preocupación por la escalada de las facturas de los servicios públicos no es un pequeño soplo de viento, sino una tormenta que ha llegado para quedarse. Reconocer y responder a estas preocupaciones será crucial para cualquier partido político, ya que los demócratas se encuentran ahora bajo el punto de mira de la eficacia y el progreso con que afrontan estos retos.
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