El origen de un nuevo avance en IA
Si pudiéramos retroceder en el tiempo hasta mayo de 2020, encontraríamos a Deep Ganguli, entonces director de investigación del Instituto de Inteligencia Artificial Centrada en el Ser Humano de Stanford, lidiando con una revelación que causó revuelo en la comunidad de la inteligencia artificial. OpenAI, la organización de investigación dedicada a garantizar que la IA se ajuste a los valores humanos, acababa de presentar un GPT-3, un modelo lingüístico de una complejidad sin precedentes.
Este modelo no era solo una extensión natural de la tecnología de IA existente, sino un gran salto adelante. El enorme aumento de la escalabilidad que se demostraba en el artículo no sugería una evolución gradual, sino una revolución impresionante en los modelos lingüísticos. El futuro que se podía extrapolar a partir de estos avances era tentador, vertiginoso y, para algunos, motivo de inquietud.
Deep Ganguli tenía motivos para estar preocupado. El enorme potencial de este nuevo modelo de IA no se parecía a nada de lo que había visto durante su estancia en Stanford. Con una escala sin precedentes, esta tecnología estaba abriendo nuevos caminos y avanzando a un ritmo que no daba señales de ralentizarse. Esta constatación lo invadió como un escalofrío.
Lo que preocupaba a Ganguli no era solo los avances en el ámbito de la IA que este modelo encapsulaba, sino las implicaciones sociales que conllevaba.
Implicaciones sociales: una segunda mirada al progreso de la IA
El papel de Ganguli en Stanford consistía en estar en primera línea para anticipar las implicaciones de la tecnología en la sociedad. A medida que el concepto de GPT-3 se fue asimilando, su cabeza se sumergió en un torbellino de escenarios, algunos emocionantes y otros desconcertantes. Como cualquier tecnología revolucionaria, la llegada de un modelo de IA sofisticado, como GPT-3, planteó preguntas que iban mucho más allá del ámbito del código y los algoritmos.
El impacto de este avance en la IA en nuestra vida cotidiana, nuestras relaciones, nuestros trabajos y nuestra privacidad puede ser realmente transformador. Es este aspecto de la evolución tecnológica el que a menudo queda oculto tras las emocionantes innovaciones.
De cara al futuro, Ganguli tenía claro que las ramificaciones sociales de la IA probablemente serían monumentales. Comprender, estudiar y prepararse para esos cambios es vital, una tarea que exige un esfuerzo multidisciplinar con la contribución de ingenieros, científicos de datos, especialistas en ética, responsables políticos y sociólogos por igual. La IA no consiste solo en construir máquinas más inteligentes, sino en tener en cuenta el efecto dominó que esas máquinas pueden tener en la sociedad en general. Y en el caso de GPT-3, esas ondas podrían convertirse pronto en olas.
Así que, mientras el resto del mundo de la IA celebraba una maravilla tecnológica, Deep Ganguli se dio cuenta de que el camino hacia el futuro, sin duda, iba a ser un viaje agitado. La clave no solo estaría en aprovechar el poder de la IA, sino en nuestra preparación para afrontar los cambios radicales que sus avances podrían provocar.
Fuente original: The Verge.