El reino aparentemente ilimitado de la computación cuántica (CC) es una deslumbrante mezcla de potencial alentador y riesgos desalentadores. Es un ámbito en el que gigantes tecnológicos como IBM, Google, Microsoft y Amazon están introduciendo servicios de CC a través de la nube, mientras que empresas especializadas como Quantinuum y PsiQuantum están adquiriendo protagonismo rápidamente y acumulando valoraciones de “unicornio”, empresas de más de un millón de dólares que se convirtieron en rápidas sensaciones en el mundo de las start-ups. Los expertos pronostican que el mercado mundial del control de calidad crecerá vertiginosamente, alcanzando cotas que aún no hemos imaginado. Sin embargo, hay que recordar que cada nuevo horizonte tecnológico conlleva una nueva gama de retos y peligros.
¿Y por qué no iba a entusiasmar a todo el mundo? La computación cuántica, gracias a su física poco ortodoxa, presume de una capacidad de procesamiento de datos y resolución de problemas hiperveloz, mucho más allá del alcance de los sistemas convencionales. Imagínese el potencial: proyecciones climáticas ultraprecisas, optimización del tráfico en tiempo real, estrategias empresariales basadas en cálculos aparentemente imposibles o una nueva generación de algoritmos de aprendizaje automático que “aprenden” exponencialmente más rápido que nada de lo que tenemos hoy.
Al mismo tiempo, el universo cuántico no es todo brillo y resplandor: también tiene un lado oscuro. El control cuántico también conlleva una serie de peligros lógicos, amenazas a la seguridad en un mundo de energía cuántica y errores de privacidad a punto de ocurrir.
A medida que el control cuántico se traslada a la nube, empezamos a ver tanto su escalabilidad inherente como su vulnerabilidad. La distancia y complejidad añadidas de un servicio en la nube se suman a una larga lista de fallos potenciales que podrían poner en riesgo la seguridad y privacidad de los procesadores cuánticos. Además, un ataque con éxito a estos sistemas podría hacer caer no sólo una empresa, sino también servicios de gran alcance, causando potencialmente interrupciones masivas.
Mientras nos encontramos al borde de lo que parece el próximo gran avance tecnológico, no podemos permitirnos pasar por alto sus posibles repercusiones negativas. Lanzarse de cabeza a la computación cuántica sin la debida diligencia y preparación para sus riesgos puede acarrear consecuencias peligrosas. Todo avance, por emocionante que sea, conlleva una responsabilidad, y es crucial que tanto las empresas como los particulares comprendan lo que ello implica para la computación cuántica.
Las noticias recientes nos recuerdan que el mundo de la computación cuántica no es un patio de recreo para desprevenidos o irresponsables. Es un lugar en el que los pioneros y los innovadores deben actuar con cautela, teniendo en cuenta que cada uno de sus movimientos puede acercarnos a un futuro más próspero o llevarnos por un camino más peligroso. Así que, aunque nos maravillemos ante el potencial de esta apasionante tecnología, no ignoremos sus peligros y seamos cautos en nuestro enfoque.
Este artículo se basa en un informe de GUEST: Computación cuántica (CC), disponible en aquí.