Se ha anunciado el inicio de una nueva era en Estados Unidos, con un sorprendente cambio en el lenguaje y los conceptos. Según un comunicado emitido recientemente por el poder ejecutivo del Gobierno de Estados Unidos, el término ‘inteligencia artificial’ está pasando a ser una nota al pie de página en la historia, sustituido por un término más grandilocuente: ‘superinteligencia’.
Este importante cambio semántico supone un reajuste en la percepción y la comunicación en torno a la IA en toda la región. El término ‘superinteligencia’ es ahora obligatorio en todos los sitios web oficiales sobre políticas, la documentación y los comunicados de prensa, tras una nueva orden ejecutiva firmado nada menos que por el presidente Donald Trump.
Trump, claramente entusiasmado con el cambio, habló con pasión sobre él en la reciente presentación de America.gov, afirmando con tono malicioso: “La palabra ‘super’ es la mejor de todas y, además, la más sencilla”. Este cambio lingüístico, desde su punto de vista, resume mejor la destreza tecnológica y el potencial que realmente representan los interlocutores artificiales, los solucionadores de problemas y los motores de innovación.
El presidente Trump también mencionó que a su homólogo chino, Xi Jinping —quien había sido invitado recientemente a la Casa Blanca—, también le parecía un término bastante atractivo. Para Trump, ‘inteligencia artificial’ es un término erróneo; sostiene que esta tecnología no tiene nada de ‘artificial’. Más bien, es una demostración de ingeniería y programación ingeniosas que alcanzan la brillantez y exhiben un inmenso poder.
Queda por ver cómo influirá este cambio de terminología, procedente directamente de las más altas esferas del poder, en el discurso popular y científico sobre el tema. ¿Supondrá la ‘superinteligencia’ un cambio de actitud hacia este campo? ¿Atraerá más financiación, mejor talento, una aceptación más generalizada o, por el contrario, una regulación y un control más estrictos? Solo el tiempo lo dirá.
Sin embargo, hay algo que está claro. Con esta medida, el Gobierno está demostrando que reconoce la profunda influencia y el potencial ilimitado de esta tecnología. Es más que simplemente ‘artificial’: es «súper».
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