El intento de AI de silenciar al político resulta contraproducente y aumenta su fama.

Imagínese la escena. Una sala abarrotada, el zumbido de la expectación en el aire cuando Alex Bores, candidato al Congreso por NY-12, sube al estrado dispuesto a hablar durante un acto de campaña. Mientras se encienden los flashes y un fotógrafo de Bloomberg capta el momento, los asistentes esperan ansiosos escuchar lo que el candidato tiene que decir.

Avancemos hasta junio, cuando concluyen las primarias demócratas —notoriamente turbulentas— para el 12.º distrito congresional de Nueva York. A lo largo de esta reñida contienda, los gigantes tecnológicos Anthropic y OpenAI se han enfrentado cara a cara, invirtiendo millones en un feroz tira y afloja sobre el futuro de la regulación de la inteligencia artificial (IA): ¿Quién debería llevar las riendas? ¿Quién debería asumir las consecuencias de los intentos de traspaso de límites? A medida que el polvo empieza a asentarse, queda claro que, irónicamente, el verdadero vencedor podría no ser necesariamente un gigante empresarial.

El desvalido emerge

En cambio, la corona podría acabar en manos de un antiguo candidato sorpresa: un diputado de la Asamblea del estado de Nueva York, antes desconocido, que recientemente se ha visto en el punto de mira gracias a las maravillas del «efecto Streisand». De repente, Alex Bores se ha convertido en una figura de gran relevancia, sobre todo como símbolo de la regulación de la seguridad de la IA, cuando antes era un personaje bastante desconocido.

¿A qué se debió, pues, el espectacular ascenso de Bores? Parece que se trató de una intrincada sucesión de acciones y reacciones que comenzó en el otoño de 2025. Más concretamente, ’Leading the Future», un super PAC respaldado financieramente por ejecutivos de OpenAI, Palantir y a16z, puso en marcha una agresiva campaña contra Bores en la que se invirtieron millones de dólares.

Pero no fue solo el dinero lo que dio a conocer a Bores. El detonante fue su destacada autoría de un proyecto de ley clave sobre seguridad en la inteligencia artificial presentado ese año. De repente, Bores se convirtió en el objetivo de los intensos esfuerzos de presión de «Leading the Future».

Una batalla por el futuro político de la IA

Esta disputa de gran repercusión tiene claras implicaciones para el debate más amplio sobre quién controla el rumbo de la IA y cómo se regula —o, de hecho, quién sufre las consecuencias por intentar ejercer dicho control—. Puede que las empresas cuenten con sus reservas de efectivo y su influencia consolidada, pero figuras como Bores han dejado claro que no se rendirán sin luchar a la hora de defender sus puntos de vista.

Esta batalla por el futuro político de AI seguramente seguirá en pleno apogeo, incluso cuando se haya calmado el revuelo de las primarias del distrito 12 de Nueva York. Pero, por ahora, una cosa está clara: gracias a la intensa atención mediática que le han prestado sus oponentes del mundo empresarial, Alex Bores, hasta hace poco un desconocido, bien podría ser quien se ría de camino a las urnas.

Para saber más sobre esta historia en curso, visite el artículo completo en The Verge.

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