La generación de imágenes mediante inteligencia artificial (IA) ha traspasado los límites de nuestra concepción habitual de la realidad. Ahora es posible manipular paisajes digitales del mundo real para representar escenas tan cautivadoras como una acogedora cabaña enclavada en las montañas, guiándose únicamente por una indicación de texto. Esta fascinante función, que hasta hace poco estaba disponible en Google Earth, permitía transformar imágenes de satélite, aéreas y en 3D en impresionantes imágenes que hasta entonces solo eran posibles en la imaginación humana.
Lamentablemente, o quizá afortunadamente, esta función de IA ha sido desactivada. El poder de la IA para transformar la realidad quedó demostrada de forma impactante en las imágenes generadas por Henk van Ess, de Digital Digging. Las imágenes que creó mostraban a refugiados cerca de la frontera con México y un cráter de bomba junto a un hospital de Gaza: con una simple indicación de texto, fue capaz de evocar narrativas conmovedoras de la nada. Sin embargo, estas impactantes imágenes también pusieron de relieve los riesgos de este tipo de manipulación: la desinformación y la manipulación de la realidad.
Google Earth fue testigo de esta capacidad creativa y potencialmente subversiva, al mostrar una mezcla nunca antes vista de imágenes reales e irreales. Permitió a los usuarios crear escenas fantásticas, como cabañas enclavadas en las montañas, pero también puso de manifiesto el potencial de difusión de desinformación a través de la manipulación de imágenes asistida por IA. Muy pronto surgieron dudas sobre la autenticidad de estas imágenes alteradas por la IA.
La respuesta de Google no se hizo esperar. La empresa hizo hincapié en su compromiso con la prevención de la desinformación y en garantizar que las imágenes tengan la credibilidad que les corresponde. El gigante tecnológico declaró: “Nos tomamos muy en serio la desinformación: todas las imágenes creadas con Nano Banana en Google Earth incluyen la marca de agua digital SynthID”. Esta garantía sugiere que cada imagen creada por IA en Google Earth lleva una etiqueta de identificación única, lo que ayuda a verificar su autenticidad y a revelar que se trata de una creación de IA, si fuera necesario.
Esta marca de agua supuso el intento de Google de mantener un equilibrio entre la creatividad y la credibilidad. Gracias a ella, los usuarios que quisieran verificar la autenticidad de una imagen podían consultar la aplicación Gemini o utilizar Google Lens en la Búsqueda para comprobar si la imagen había sido generada por IA. Esto ofrecía una sensación de seguridad ante la creciente y vertiginosa propagación de imágenes falsas generadas por IA.
La manipulación de la realidad por parte de la IA es un fenómeno absolutamente asombroso e inquietante. Sin embargo, dadas las complejidades que conlleva —como la posible desinformación y la manipulación de la verdad—, su aplicación debe gestionarse con cautela. Un viaje que iniciamos hace tiempo con una simple pregunta escrita dirigida a la IA nos sumerge ahora en debates sobre la fiabilidad, la autenticidad y el reconocimiento de la huella digital en el mundo en constante evolución de la inteligencia artificial.