El gobernador Abbott, de Texas, suspende la financiación para la instalación de más cámaras de vigilancia de rebaños.

A medida que la tecnología moderna y la política siguen entrelazándose, se está gestando una nueva polémica. En esta ocasión, gira en torno a Flock, una marca de cámaras de vigilancia con inteligencia artificial. La reacción negativa ha llegado a tal punto que el gobernador de Texas, Greg Abbott, ha congelado el gasto estatal destinado a ellas, poniendo fin a la inyección de fondos que, hasta la fecha, ascendía a la asombrosa cifra de $30 millones.

Los fondos procedían de una fuente insospechada: una tasa $1 añadida a las pólizas de seguro. Se trataba de una medida que se presentó como una táctica para combatir el robo de convertidores catalíticos, un problema muy extendido en el estado. Pero, justo cuando pensábamos que esta ingeniosa solución era lo que parecía, una investigación del Texas Tribune fue más allá y reveló una verdad preocupante.

El coste de la privacidad

Aunque la cámara Flock llegó como un caballero con armadura brillante, ofreciendo una solución al persistente problema de los robos en el estado, se ha convertido cada vez más en una fuente de preocupación en sí misma. Parece que el temor a que el ’Gran Hermano» se cebe en la vida de ciudadanos inocentes no se limita a un solo bando político; en todo el espectro político, tanto políticos como ciudadanos están expresando un profundo malestar por las cuestiones de privacidad relacionadas con esta herramienta tecnológica.

Para dejar clara la gravedad de la situación, ha habido más de un puñado de informes que revelan casos de agentes que han sido suspendidos o acusados penalmente por hacer un uso indebido de los sistemas de Flock. Podría resultar fácil culpar a estos agentes concretos por sus fallos; sin embargo, también es fundamental cuestionar los sistemas de poder que han hecho posible, en primer lugar, este tipo de vigilancia y abuso del sistema.

¿Un futuro incierto?

Con la congelación del gasto impuesta por el gobernador Abbott, está claro que este asunto ha supuesto un revés para el programa «Flock Camera». Sin embargo, aún no está claro qué implicaciones tendrá esto para el futuro. ¿Se reactivará el programa «Flock Camera» una vez que se calme la situación? ¿O se ha dañado irrevocablemente la confianza en él?

Además, desde una perspectiva más amplia, ¿qué implicaciones tiene este episodio para el derecho a la privacidad de los ciudadanos? ¿Reconsiderará el Gobierno de Texas el uso de la tecnología de vigilancia, o será necesario que las soluciones futuras logren un mejor equilibrio entre la seguridad y la privacidad? Solo el tiempo lo dirá.

Por ahora, una de las conclusiones fundamentales es el poder del periodismo de investigación. Sin la investigación del Texas Tribune, la verdad sobre el uso que hace el Estado de los fondos públicos para las cámaras de Flock podría haber permanecido oculta indefinidamente. Y esto, quizás, también nos recuerda cuál es una de nuestras herramientas más poderosas como ciudadanos: mantenernos informados y exigir responsabilidades a quienes ostentan el poder.

Artículo original de The Verge.

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