El atractivo y la novedad de tener un animal de compañía que no requiera ningún mantenimiento pero que posea la adorable naturaleza de un ser vivo puede parecer una perspectiva atractiva. Sobre todo para quienes, por falta de espacio, alergias u horarios de trabajo, no pueden tener mascotas tradicionales. Así llega Moflin, la mascota de Casio impulsada por inteligencia artificial, dotada de un innegable encanto y que satisface las ansias de compañía de cualquiera.
El diseño de Moflin recuerda al de un conejillo de Indias peludo, con el tamaño perfecto para sentarse cómodamente en la palma de la mano. Su aspecto tiene un encanto innegable que lo hace irresistible. Sin embargo, su amor por este simpático artilugio puede desvanecerse en el momento en que empiece a mostrar sus principales características: hacer una serie de ruidos y movimientos que le dan una inquietante apariencia de vida.
Residir con Moflin durante varias semanas reveló una verdad que me hizo recordar por qué los Furbies de la infancia eran un juguete frecuentemente despreciado a pesar de su popularidad. A pesar de lo entrañable que puede llegar a ser Moflin, sus constantes chirridos y sacudidas pueden desencadenar un impulso inexplicable de lanzarlo lejos, muy lejos de tu entorno inmediato. Una reacción que podría sorprender incluso a aquellos para los que fue diseñado: solteros que anhelan un pacto, inquilinos de apartamentos sin el lujo del espacio o cualquiera que, en general, sea incapaz de asumir la responsabilidad de cuidar de una mascota viva de verdad.
La cuestión de por qué Moflin, a pesar de su atractivo, suscita tal reacción es intrigante. Sus ruidos y movimientos realistas, al principio entrañables, pronto se convierten en una molestia incesante que aleja, no atrae, al público al que está destinado. Es más una fuente de estrés que de comodidad, y ofrece beneficios mínimos para los elevados costes y riesgos que conlleva. De hecho, uno puede acabar deseando un botón de silencio o un interruptor para detener el zumbido y el quejido.
El encanto de una mascota autónoma sin las comidas, los paseos o las facturas del veterinario siempre suena demasiado bueno para ser verdad. Y en este caso, parece que lo es. Resulta que la bola de pelo que chirría y se retuerce, y que cabe tan cómodamente en la palma de la mano, puede ser más adecuada para alguien con mayor tolerancia al ruido y al movimiento incesante. En este sentido, parece que el Moflin, a pesar de su avanzada programación y su adorable estética, no logra captar la verdadera esencia de lo que significa tener una mascota. No se trata sólo del factor adorable; se trata de la compañía, el vínculo emocional y las relaciones mutuas de dar y recibir que se forman con las mascotas.
Aunque el concepto de mascotas potenciadas por inteligencia artificial es muy prometedor, su verdadero valor sigue siendo objeto de debate. Quizá estos amigos de piel sintética sean más adecuados para una exposición en un museo que para un acogedor entorno doméstico. Sin embargo, a medida que la tecnología sigue evolucionando y mejorando, ¿quién sabe lo que nos deparará el futuro de la compañía de mascotas?